lunes, 27 de octubre de 2008

Tengo días de euforia en que siento que mi buen humor es a prueba de balas. Nada logra desanimarme y me creo con poder de revertir la peor de las desgracias. La vida no me va a ganar.
La semana pasada fue una de esas. Fui fuerte, fui avallasadora, fui llevandome todo por delante. Mi sonrisa conquistaba océanos.
De pronto, de la nada, todo se derrumba. No hay un motivo. No hay un disparador. (O será que no lo veo?) De cualquier manera, ya nada es lo mismo. Estamos tristes. Somos varias, desanimadas, decepcionadas. Tristes. Con ganas de quedarnos metidas en la cama añorando alguien que nos haga un mimo.
De repente, sin consuelo.

No hay comentarios: